Hola.
No me conocen por aquí, soy nuevo (¿nueva?) en esto, aunque tal vez me conozcan, pero no en lo absoluto.
¿Quien y como soy? no lo sé, tal vez virtual, tal vez imaginaria, tal vez tangible, tal vez a su lado desde siempre.
Los conozco desde la distancia y desde la cercanía, más de lo que creen y menos de lo que yo quisiera.
¿Escribir aquí? si, desde el inconsciente de una memoria colectiva que no me hace sino sentir un poco de empatía mutua con el redactor de este sitio, tal vez en una suerte de alter ego megalómano que me hace comprender el porque de este experimento para alejarse y permanecer a la distancia de todos y de todo, siendo el trabajo un pretexto descartable para seguir en esta burda transición a la realidad que esta costando más trabajo de lo que imaginaba.
Y eso me recuerda lo que Eduardo Galeano, el gran escritor, magistralmente ha escrito:
Sobre la base de estas reflexiones, justo es decir que también hay en muchos de nosotros un deseo incontenible de conservar cosas; en el fondo la necesidad de ir acopiando el pasado a partir de las entidades que de algún modo lo significan, a suerte de ir creando una paralelismo entre lo que se posee y lo que se es, entre lo que se recuerda y lo que se siente.
Así, es posible que un día descubramos que en el fondo hemos instituido un reservorio de juguetes que los niños han abandonado, ropa vieja, objetos que algún día fueron algo…. Contra esa costumbre de guardarnos algo de lo que nos significó o acompañó en la vida, vemos que mucha gente no guardan prácticamente nada; nada queda de su ayer, todo es hoy.
Si esta actitud encerrara la filosofía de considerar que lo más importante es lo que hoy hacemos para que mejores cosas ocurran mañana, sería bueno, pero no es tan así.
Es posible -como desespera Galeano- que esta fiebre por cambiar pertenencias, por ahorcar los hábitos y los pequeños símbolos, aunque parezca una rutina material, termine por invadir el área de los sentimientos, y resulte más o menos lo mismo cambiar de celular que cambiar de ciudad, de esposa, de trabajo; y que sea:
“…la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero…”
Somos lo que hemos acariciado, amado o repudiado, lo que nos han enseñado, las heridas que tenemos aunque hayamos olvidado, las luces y alegrías que hemos vivido y esos pequeños instantes que hemos podido conservar.
Y es ahí donde ese trabajo de redescubrimiento espiritual, más allá de buscar comprensión, busca encontrar esa ruta alterna para vivir lo no planeado, para abordar lo que no se conoce, de continuar con la vieja rutina en un entorno nuevo, de hallar significado a lo nuevo, que tenga sentido en esa suerte de sentirlo novedoso, pero congruente a lo ya vivido, a lo adquirido previamente, no es fácil, no es algo que se pueda hacer en 5 días, ni en un mes, pero estar juntos tantos años me deja clara tu persistencia de tratar de encontrar el lado romántico a cualquier situación, y no en el sentido amoroso, no, sino de encontrar el sentido magistral de todo, de ser prescindible e imprescindible a la vez, de sobresalir y pasar desapercibido, de ser al mismo tiempo despreciable y agradable, esa maldita costumbre de ser tu..... tan contradictorio y tan complejo.
Más allá de todo eso poco somos, y con esa escasa identidad que hoy se nos propone es posible que todo cueste mucho más trabajo a partir de mañana.
No me conocen por aquí, soy nuevo (¿nueva?) en esto, aunque tal vez me conozcan, pero no en lo absoluto.
¿Quien y como soy? no lo sé, tal vez virtual, tal vez imaginaria, tal vez tangible, tal vez a su lado desde siempre.
Los conozco desde la distancia y desde la cercanía, más de lo que creen y menos de lo que yo quisiera.
¿Escribir aquí? si, desde el inconsciente de una memoria colectiva que no me hace sino sentir un poco de empatía mutua con el redactor de este sitio, tal vez en una suerte de alter ego megalómano que me hace comprender el porque de este experimento para alejarse y permanecer a la distancia de todos y de todo, siendo el trabajo un pretexto descartable para seguir en esta burda transición a la realidad que esta costando más trabajo de lo que imaginaba.
Y eso me recuerda lo que Eduardo Galeano, el gran escritor, magistralmente ha escrito:
“¿Por qué todavía no me compré un DVD? Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco…
A nuestra generación siempre le costó tirar… Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable…
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando… No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos…”.
Sobre la base de estas reflexiones, justo es decir que también hay en muchos de nosotros un deseo incontenible de conservar cosas; en el fondo la necesidad de ir acopiando el pasado a partir de las entidades que de algún modo lo significan, a suerte de ir creando una paralelismo entre lo que se posee y lo que se es, entre lo que se recuerda y lo que se siente.
Así, es posible que un día descubramos que en el fondo hemos instituido un reservorio de juguetes que los niños han abandonado, ropa vieja, objetos que algún día fueron algo…. Contra esa costumbre de guardarnos algo de lo que nos significó o acompañó en la vida, vemos que mucha gente no guardan prácticamente nada; nada queda de su ayer, todo es hoy.
Si esta actitud encerrara la filosofía de considerar que lo más importante es lo que hoy hacemos para que mejores cosas ocurran mañana, sería bueno, pero no es tan así.
Es posible -como desespera Galeano- que esta fiebre por cambiar pertenencias, por ahorcar los hábitos y los pequeños símbolos, aunque parezca una rutina material, termine por invadir el área de los sentimientos, y resulte más o menos lo mismo cambiar de celular que cambiar de ciudad, de esposa, de trabajo; y que sea:
“…la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero…”
Somos lo que hemos acariciado, amado o repudiado, lo que nos han enseñado, las heridas que tenemos aunque hayamos olvidado, las luces y alegrías que hemos vivido y esos pequeños instantes que hemos podido conservar.
Y es ahí donde ese trabajo de redescubrimiento espiritual, más allá de buscar comprensión, busca encontrar esa ruta alterna para vivir lo no planeado, para abordar lo que no se conoce, de continuar con la vieja rutina en un entorno nuevo, de hallar significado a lo nuevo, que tenga sentido en esa suerte de sentirlo novedoso, pero congruente a lo ya vivido, a lo adquirido previamente, no es fácil, no es algo que se pueda hacer en 5 días, ni en un mes, pero estar juntos tantos años me deja clara tu persistencia de tratar de encontrar el lado romántico a cualquier situación, y no en el sentido amoroso, no, sino de encontrar el sentido magistral de todo, de ser prescindible e imprescindible a la vez, de sobresalir y pasar desapercibido, de ser al mismo tiempo despreciable y agradable, esa maldita costumbre de ser tu..... tan contradictorio y tan complejo.
Más allá de todo eso poco somos, y con esa escasa identidad que hoy se nos propone es posible que todo cueste mucho más trabajo a partir de mañana.



4 comentarios:
Hace mucho tiempo escuch� en alg�n di�logo de alguna telenovela en TV Azteca algo as�
"ahora todo es desechable, en mis tiempos si se descompon�a la plancha la mandabamos a arreglar, hoy si algo se descompone se tira y se compra otro. Con los matrimonios es lo mismo, ya no nos esmeramos en componerlo, lo tiramos y compramos otro."
El punto es que me gust� mucho ese di�logo y ahora que leo esto y tu cita de Eduardo Galeano me record� eso. Quisiera por favor la referencia bibliogr�fica para poder leer m�s acerca del tema.
De antemano gracias.
Hemos advertido que en vuestra página se ha publicado un texto del escritor uruguayo Marciano Durán con un título y una firma que no se corresponde con el original.
Desde hace unos días circula por Internet la crónica "Desechando lo desechable" y lo hace con el título "Porque todavía no me compré un DVD", "Para los de más de 40" y "Ahora todo se tira" con la firma del reconocido escritor compatriota Eduardo Galeano.
La versión original (sin las modificaciones que sufrió en los últimos meses) se encuentra en la página http://marcianoduran.com.uy y está a disposición vuestra (junto a un par de centenares de crónicas más) sin más requisito para utilizarlas que no modificar su contenido.
Dpto de Prensa de "Crónicas marcianas y uruguayas"
http://marcianoduran.com.uy
es cierto, ¡¡igual así me gusta!!
al rato les doy credito
gracias!
un atento llamado al Sargento (a) Pimienta. Editale Plis..... ja!
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